LA FRASE RICOTERA:

miércoles, 20 de noviembre de 2013

El Loco del Rastrojero Oxidado

¡LA RE PUTA MADRE! Se escuchó el insulto salir del viejo rastrojero oxidado, antaño rojo.  Trevor estaba como una pipa, como la mayoría de las veces que tenía que ir la ciudad de Venado Tuerto para hacer compras, algún trámite, al médico o lo que sea que irrumpiera en su (por demás) monótona vida de campo.
Estacionó de cualquier manera, se bajó, dio un portazo que en cualquier auto moderno hubiese significado una nueva puerta giratoria y se quedó mirando con ira contenida al pequeño auto Smart que se le había cruzado, mientras pensaba “Estas viejas de mierda, con sus autos de mierda que te miran como si fueras mierda, pero no se dan cuenta que andan en una calabaza con ruedas”.  Se tranquilizó un poco al ver que el paragolpes había absorbido el impacto y se alegró de aun andar en su rastrojero. Les soltó a los curiosos que se amontonaban en la vereda un escueto “¿Ven? Autos son los de antes”
El Smart estaba destruido: probablemente no tuviera arreglo. Trevor se preocupó: “La pucha, la cague matando”. Sin embargo, ante su atónita mirada se abrió la puerta del conductor y se bajó la mujer más anciana que alguna vez vio. ¡Pero como estaba la vieja! Se la veía gesticular ampulosamente desde al lado de la columna donde había quedado enroscado el Smart y mientras se acercaba iba gritando a viva voz
-¡MIRA COMO ME DEJASTE EL AUTO! ¿NO VES QUE TENIA PASO YO?- Chillaba.
 Y sin más, al llegar a su lado, le pego una sonora cachetada a Trevor, que lejos de reaccionar se quedó con la boca abierta sin saber que decir ante semejante vejestorio. 
Ante la segunda cachetada, se despertó de su ensimismamiento e intento “calmar” a la dama.
-Para, vieja de mierda, ¿cómo querés que vea a ese auto? Si tuvieras un auto como la gente vaya y pase, pero no sé de qué te quejas con esa porquería: Era un chiste y quedó- Replicó mientras esquivaba los golpes de la vieja.
Y aquí es donde todo se fue al diablo, por no decir a la re mismísima choronga.
La vieja cayó seca al piso, con los ojos para atrás y después de un espasmo, exhaló su último suspiro y quedo mirando sin ver  el cielo cubierto de nubes.
Trevor evaluó sus opciones: O se quedaba a esperar a la policía, a quien tendría que dar muchas explicaciones acerca de la procedencia del rastrojero, la falta de seguro, la muerte de la anciana oooooooo... Bueno, la que eligió: mientras todos se desesperaban llamando a la ambulancia (Que no sería de mucha utilidad), él le dio arranque al rastrojero, pero había un problema: No le entraba la reversa y tenía un auto adelante. Intentó empujarlo pero su cadera operada hizo un ruido que considero suficiente como para tomar medidas drásticas: “Jugado por jugado, pensó, me llevo el auto de adelante”. No tenía nada de especial: Un Duna verde con vidrios polarizados, cuyo dueño en el apuro por ayudar en el choque, dejo con las llaves puestas.
Salió patinando ante la mirada de la gente, y agarró el camino más rápido a la Ruta Nacional que pasaba por la ciudad. Una vez en ella, mientras pasaba uno tras otro semáforos en rojo, se dio cuenta que no podría ir a su campo porque era el primer lugar en el que buscarían. Su única salida era ir a otro lado a pensar fríamente los pasos a seguir, y lo primero que le vino a la mente fue lo de su amigo Michael en Elortondo, Santa fe, a 200 kilómetros de allí.
Después de dos horas, llego al poblado y se dirigió a la casa de su compañero.
-Hola Trevor querido- Lo saludó afablemente mientras regaba la calle de tierra para que no levantaran polvo los autos. –Tanto tiempo sin verte, ¡no me digas que cambiaste la chatarra del Rastrojero por este Dunita!-
-Hola Negrito-saludo Trevor –Ojalá fuera eso, tuve una serie de inconvenientes-
Y le contó a grandes rasgos lo que pasó, y le dijo que necesitaba quedarse un tiempito por allá.
Así que se deshicieron del auto en un basural abandonado y regresaron a la casa dispuestos a cenar. Trevor notaba nervioso a Michael, miraba la hora cada dos segundos y chequeaba su celular cada 4.
-¿Qué carajo te pasa Negro?- inquirió T.
-Nada, nada- Respondió misteriosamente Michael.
Al llegar a la casa, y luego de un rico asadito y algunas birras, se dispusieron a dormir, pero Michael avisó: -Che T, está mi vieja de visita, así que vas a tener que dormir en el sillón-
Trevor dejó la boca abierta por segunda vez en el día
–Pero vos me dijiste que tu mamá estaba muerta- Dijo sorprendido.
-Estábamos muy peleados, por eso nunca quise presentártela, pero hace algunas semanas me llamó después de todos estos años y arreglamos los tantos y acepto darme la herencia de mi viejo que me correspondía- y agregó –aparte le queda poco hilo en el carretel, tiene algunos problemas en el corazón-
-no puedo creer que nunca me lo hayas contado- explotó Trevor –Sos un Hijo de puta-
-Perdón T, fui un boludo: Anda a dormir y mañana hablamos bien- Y le avisó – Igual podes dormir en la pieza de mi mamá que se fue a Venado a comprar algunas cosas y todavía no volvió. ¡Hasta capaz te la cruzaste y no te diste cuenta!-
Trevor, que estaba a punto de cagarlo a trompadas, decidió irse a dormir, y Michael hizo lo mismo.
Dos de la mañana, sonó el teléfono de la casa. Trevor después de su día agotador no lo escuchó, pero Michael de sueño ligero atendió al instante.
-¿Con el señor Michael Townley?- preguntó la voz del teléfono
-El habla- respondió.
-Le hablamos de la comisaria segunda de Venado Tuerto, lamentamos informarle que su madre sufrió un accidente: la embistieron en una esquina y lo cual produjo que se chocase una columna, sin embargo los airbags funcionaron bien…-
-¿Entonces está bien?- preguntó Michael desesperado por su madre que tanto había estado alejado de él.
-Siento decirle que tuvo un altercado con el conductor del otro vehiculo y su edad sumada al estrés del momento le jugaron una mala pasada y sufrió un ataque cardiaco-
-¿Identificaron al conductor del vehículo?- quiso saber  Michael preso de una ira incontrolable.
-Los vecinos al ver el rastrojero Rojo oxidado que produjo el choque, dijeron que se trataba de Trevor Phillips, quien huyó robando un auto que estaba estacionado y se encuentra prófugo- Se produjo un silencio y la llamada finalizó de repente. – ¿Señor? ¿Me escucha señor?-

Pero Michael ya estaba cargando su calibre 22 con una sola bala que guardaba para algún maleante que quisiera tomar lo que no es suyo. Seguidamente, se acercó sigilosamente a la habitación de al lado.

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