¡LA RE PUTA
MADRE! Se escuchó el insulto salir del viejo rastrojero oxidado, antaño
rojo. Trevor estaba como una pipa, como
la mayoría de las veces que tenía que ir la ciudad de Venado Tuerto para hacer
compras, algún trámite, al médico o lo que sea que irrumpiera en su (por demás)
monótona vida de campo.
Estacionó de
cualquier manera, se bajó, dio un portazo que en cualquier auto moderno hubiese
significado una nueva puerta giratoria y se quedó mirando con ira contenida al
pequeño auto Smart que se le había cruzado, mientras pensaba “Estas viejas de
mierda, con sus autos de mierda que te miran como si fueras mierda, pero no se
dan cuenta que andan en una calabaza con ruedas”. Se tranquilizó un poco al ver que el
paragolpes había absorbido el impacto y se alegró de aun andar en su
rastrojero. Les soltó a los curiosos que se amontonaban en la vereda un escueto
“¿Ven? Autos son los de antes”
El Smart estaba
destruido: probablemente no tuviera arreglo. Trevor se preocupó: “La pucha, la
cague matando”. Sin embargo, ante su atónita mirada se abrió la puerta del
conductor y se bajó la mujer más anciana que alguna vez vio. ¡Pero como estaba
la vieja! Se la veía gesticular ampulosamente desde al lado de la columna donde
había quedado enroscado el Smart y mientras se acercaba iba gritando a viva voz
-¡MIRA COMO ME
DEJASTE EL AUTO! ¿NO VES QUE TENIA PASO YO?- Chillaba.
Y sin más, al llegar a su lado, le pego una
sonora cachetada a Trevor, que lejos de reaccionar se quedó con la boca abierta
sin saber que decir ante semejante vejestorio.
Ante la segunda
cachetada, se despertó de su ensimismamiento e intento “calmar” a la dama.
-Para, vieja de
mierda, ¿cómo querés que vea a ese auto? Si tuvieras un auto como la gente vaya
y pase, pero no sé de qué te quejas con esa porquería: Era un chiste y quedó-
Replicó mientras esquivaba los golpes de la vieja.
Y aquí es donde
todo se fue al diablo, por no decir a la re mismísima choronga.
La vieja cayó
seca al piso, con los ojos para atrás y después de un espasmo, exhaló su último
suspiro y quedo mirando sin ver el cielo
cubierto de nubes.
Trevor evaluó sus
opciones: O se quedaba a esperar a la policía, a quien tendría que dar muchas
explicaciones acerca de la procedencia del rastrojero, la falta de seguro, la
muerte de la anciana oooooooo... Bueno, la que eligió: mientras todos se
desesperaban llamando a la ambulancia (Que no sería de mucha utilidad), él le
dio arranque al rastrojero, pero había un problema: No le entraba la reversa y
tenía un auto adelante. Intentó empujarlo pero su cadera operada hizo un ruido
que considero suficiente como para tomar medidas drásticas: “Jugado por jugado,
pensó, me llevo el auto de adelante”. No tenía nada de especial: Un Duna verde
con vidrios polarizados, cuyo dueño en el apuro por ayudar en el choque, dejo
con las llaves puestas.
Salió patinando
ante la mirada de la gente, y agarró el camino más rápido a la Ruta Nacional
que pasaba por la ciudad. Una vez en ella, mientras pasaba uno tras otro
semáforos en rojo, se dio cuenta que no podría ir a su campo porque era el
primer lugar en el que buscarían. Su única salida era ir a otro lado a pensar fríamente
los pasos a seguir, y lo primero que le vino a la mente fue lo de su amigo
Michael en Elortondo, Santa fe, a 200 kilómetros de allí.
Después de dos
horas, llego al poblado y se dirigió a la casa de su compañero.
-Hola Trevor
querido- Lo saludó afablemente mientras regaba la calle de tierra para que no
levantaran polvo los autos. –Tanto tiempo sin verte, ¡no me digas que cambiaste
la chatarra del Rastrojero por este Dunita!-
-Hola Negrito-saludo
Trevor –Ojalá fuera eso, tuve una serie de inconvenientes-
Y le contó a
grandes rasgos lo que pasó, y le dijo que necesitaba quedarse un tiempito por
allá.
Así que se
deshicieron del auto en un basural abandonado y regresaron a la casa dispuestos
a cenar. Trevor notaba nervioso a Michael, miraba la hora cada dos segundos y
chequeaba su celular cada 4.
-¿Qué carajo te pasa
Negro?- inquirió T.
-Nada, nada-
Respondió misteriosamente Michael.
Al llegar a la
casa, y luego de un rico asadito y algunas birras, se dispusieron a dormir,
pero Michael avisó: -Che T, está mi vieja de visita, así que vas a tener que
dormir en el sillón-
Trevor dejó la
boca abierta por segunda vez en el día
–Pero vos me
dijiste que tu mamá estaba muerta- Dijo sorprendido.
-Estábamos muy
peleados, por eso nunca quise presentártela, pero hace algunas semanas me llamó
después de todos estos años y arreglamos los tantos y acepto darme la herencia
de mi viejo que me correspondía- y agregó –aparte le queda poco hilo en el
carretel, tiene algunos problemas en el corazón-
-no puedo creer
que nunca me lo hayas contado- explotó Trevor –Sos un Hijo de puta-
-Perdón T, fui un
boludo: Anda a dormir y mañana hablamos bien- Y le avisó – Igual podes dormir
en la pieza de mi mamá que se fue a Venado a comprar algunas cosas y todavía no
volvió. ¡Hasta capaz te la cruzaste y no te diste cuenta!-
Trevor, que
estaba a punto de cagarlo a trompadas, decidió irse a dormir, y Michael hizo lo
mismo.
Dos de la mañana,
sonó el teléfono de la casa. Trevor después de su día agotador no lo escuchó,
pero Michael de sueño ligero atendió al instante.
-¿Con el señor
Michael Townley?- preguntó la voz del teléfono
-El habla- respondió.
-Le hablamos de
la comisaria segunda de Venado Tuerto, lamentamos informarle que su madre
sufrió un accidente: la embistieron en una esquina y lo cual produjo que se
chocase una columna, sin embargo los airbags funcionaron bien…-
-¿Entonces está
bien?- preguntó Michael desesperado por su madre que tanto había estado alejado
de él.
-Siento decirle
que tuvo un altercado con el conductor del otro vehiculo y su edad sumada al estrés
del momento le jugaron una mala pasada y sufrió un ataque cardiaco-
-¿Identificaron
al conductor del vehículo?- quiso saber Michael preso de una ira incontrolable.
-Los vecinos al
ver el rastrojero Rojo oxidado que produjo el choque, dijeron que se trataba de
Trevor Phillips, quien huyó robando un auto que estaba estacionado y se
encuentra prófugo- Se produjo un silencio y la llamada finalizó de repente. – ¿Señor?
¿Me escucha señor?-
Pero Michael ya
estaba cargando su calibre 22 con una sola bala que guardaba para algún maleante
que quisiera tomar lo que no es suyo. Seguidamente, se acercó sigilosamente a
la habitación de al lado.
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